Habrás
de pensar Wero, que nunca te escribo, que nunca te pienso, que nunca te amo.
Habrás
de saber que lo hago todo el tiempo. Que te guardo aquí abajo, aquí arriba,
aquí en medio. Que te guardo todo porque fuiste un ángel. Que te mantengo a mi
lado aunque tú ya andes por ahí olvidándolo todo.
¡Ay,
Wero! Qué ganas tuve de amarte, de hacerte mío, de hacerte nuestro. Pero tú
eres todo tuyo, amor. Tú nunca serás de alguien, porque así es tu alma; porque
corres a tu mente, la que nunca está quieta.
Ojalá
hubieras sido tú, tú sin tu pasado, tú sin tu madre fiera, sin tus amigos de
farra, sin tu amor a la fiesta y a ti mismo. Pero entonces no serías tú, serías otro y a mi
me gustabas tú, Wero de manos largas.
Hubiera
sido muy fácil, hubiera sido romántico que fueras tú. Pero soy yo, soy yo la
que quiere todo, y todo no eras tú.
Discúlpame
si no te llamo, es que prefiero amarte de lejos para verte valiente, para leer
cómo intentas que no falten comas, para esperar que seas quien puedes ser. Acá
voy a estar siempre porque me gusta verte, me encanta verte. ¿Qué le hago,
wero? ¿¡Qué le hago si tú eres tú yo soy necia¡?
Voy
a fingir que no extraño tus brazos, esos donde me sentía en calma. Voy a
olvidar la sazón de tu cocina, el sabor de tus vinos, el olor a pasto en Tepoztlán.
Los voy a olvidar porque así empezaré a recordarte siempre, Wero chulo. Todo
mío para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario