A mi
no me dueles México, no me dueles porque estoy segura que mañana todo esto
habrá pasado, que respirarás en calma desde
tu fuerte Cañón del Sumidero, arderás desde la entraña de un Popocatépetl
que nos recuerda que aún lates vehemente. A mi no me dueles México porque te he
recorrido de costa a costa y he comprobado tu grandeza, la nobleza de tus
tierras y el andar tranquilo de tu gente.
A mi
no me dueles México, porque me dueles tú mexicano; me duele verte separado.
Dividido entre quien se queda parado en el auto esperando que terminen las
manifestaciones de los que llaman “nacos" y aquellos que dan voz a sus inconformidades.
Me
dueles mexicano porque a penas intentas alzar la voz, no falta quien trate de
callarla, quien te tache de delincuente, vándalo y mortal terrorista. Me dueles
porque la policía juega el papel de infiltrado y el gobierno se ha convertido
en una suerte de enemigo.
Pero
hoy, hoy el dolor hará una pausa, algunos (aún muy pocos) tomarán las calles de
la ciudad de México para gritarle al mundo que algo está sucediendo aquí y que
para nada nos tiene contentos.
Igual
que tú mexicano, alguna vez me he quejado del tráfico que generan las marchas,
pero igual que tú soy una ciudadana que ha pagado sus impuestos puntuales, que
ha sido víctima de corrupciones; igual que a ti me han corrido de forma injusta
de algún trabajo, he visto negligencias médicas y nunca he dicho nada. Y es que
no se trata de defender a una Carmen Aristegui siempre amarillista o a un Loret
de Mola sonriente. No se trata de un Morena oportunista o de una derecha
impune. Se trata de mi, de mi ciudadana que sí separa la basura, que cede el
paso a los peatones, que siempre ha trabajado, de ésta que adoptó un perro, que lo
mismo ha ayudado en un asilo de ancianos que un albergue de prostitutas.
Se
trata de mi, de que esta vez no quiero escudarme en que “las marchas no
resuelven nada”, en que “tengo muchas cosas que hacer”, porque ciertamente aún
no he cambiado el país en solitario, mucho menos a través de Twitter.
Y a
lo mejor mañana no sucede nada porque México despertará intacto con sus
Barrancas del Cobre, con sus Prismas Basálticos, con sus tantos rincones que
nos miran atentos.
Mañana
quizá no suceda nada, pero hoy, hoy prefiero acompañar a los que se
manifiestan y pensar después si vale la pena seguirlo haciendo. Hoy prefiero
caminar junto a los muchos que sé que también están dolidos y más tarde saber
si aquello que los medios señalan es equiparable a lo que sucederá hoy en las
calles.
Aunque, mañana
que no pase nada: ¡A VER SI YA DESPIERTAS, MEXICANO!



