lunes, 3 de junio de 2013

HIJOS DE LA CHINGADA



Si la tristeza oliera, si el olvido tuviera un color, todo estaría en este lugar. Mujeres prostitutas de la tercera edad comparten un techo, ahí en el corazón de Tepito, en donde la expresión “Barrio Bravo”, cobra sentido entre señoras que por 10 pesos aún hay días en que salen a trabajar.

Casa Xochiquetzal, donde vive Ella. No recuerdo su nombre, recuerdo sus ojos, no me miraba, veía el horizonte. Era ella, no vendió su cuerpo, vendió su mirada. Cedió en una cama lo más íntimo que se tiene: el alma, la que alberga la esperanza de un futuro “prominente” o de menos con comida, con agua, con una pinche cobija para que no pase la gente aventando orines cuando tiene que dormir en la calle.


Pero como diría Octavio Paz, “somos hijos de la chingada”, hijos de la Malinche, de la vendida, la violada, la rasgada.

¿A quién le importa dónde quedaste, dignidad? ¿A quién le importan las razones por las que no encontraste oficio mejor que el de enroscar las piernas y apretar los ojos? ¿A quién le importa si contuviste el aliento o sentiste asco?
¿A quién? Si fueron tus hijos los que te aventaron a dormir ahí, en esta casa; donde huele a rancio, donde el moho es el único consejero de una anciana.

Ahí vive Ella, ahí vive con su toda perdida, con su vagina olvidada. Con una casa que lo mismo tiene sopa que nada, porque hay que esperar a que alguien done unos pesos.  Una mosca se posa en la peluca que ahora juega de pelo rojo. Hay hambre pero hay labial todavía porque se es grande pero siempre puta.

¡Ay, vida! Me sales debiendo. No habrá ayuda, ni miserias, ni migajas de pan
que le regresen a ella la vida que en algún colchón habrá olvidado.




jueves, 30 de mayo de 2013

TODO MÍO


Habrás de pensar Wero, que nunca te escribo, que nunca te pienso, que nunca te amo.

Habrás de saber que lo hago todo el tiempo. Que te guardo aquí abajo, aquí arriba, aquí en medio. Que te guardo todo porque fuiste un ángel. Que te mantengo a mi lado aunque tú ya andes por ahí olvidándolo todo.

¡Ay, Wero! Qué ganas tuve de amarte, de hacerte mío, de hacerte nuestro. Pero tú eres todo tuyo, amor. Tú nunca serás de alguien, porque así es tu alma; porque corres a tu mente, la que nunca está quieta.

Ojalá hubieras sido tú, tú sin tu pasado, tú sin tu madre fiera, sin tus amigos de farra, sin tu amor a la fiesta y a ti mismo. Pero entonces no serías tú, serías otro y a mi me gustabas tú, Wero de manos largas.

Hubiera sido muy fácil, hubiera sido romántico que fueras tú. Pero soy yo, soy yo la que quiere todo, y todo no eras tú.

Discúlpame si no te llamo, es que prefiero amarte de lejos para verte valiente, para leer cómo intentas que no falten comas, para esperar que seas quien puedes ser. Acá voy a estar siempre porque me gusta verte, me encanta verte. ¿Qué le hago, wero? ¿¡Qué le hago si tú eres tú yo soy necia¡?

Voy a fingir que no extraño tus brazos, esos donde me sentía en calma. Voy a olvidar la sazón de tu cocina, el sabor de tus vinos, el olor a pasto en Tepoztlán. Los voy a olvidar porque así empezaré a recordarte siempre, Wero chulo. Todo mío para siempre.



miércoles, 29 de mayo de 2013

HASTA SIEMPRE


Éramos nada ese día, acaso y cuerpos, amigos, compañeros de una a clase a la que a penas e ibas.

¿Recuerdas mi llegada? Luego supimos que me reconocieron de inmediato, que alguien por casualidad había notado mi mirada, que la describirían como la persona más asustada del lugar.

¿Recuerdas algo de aquel día aún? En esa nueva vida tuya, ¿todavía recuerdas algo de ti?

Llegué primera, no sé  por qué. Entré a un cuarto inmenso, ahí estabas, poco dormido, poco despierto. Nunca he visto algo igual, eras tú, era tu alma. Eras transparente en una bata de hospital mal amarrada. El pelo revuelto, la cama blanca, blanquísima y violada por trozos de pasto, mugre, polvo de algún lugar donde habías estado tirado. ¿Te acuerdas de lo que dije?

“¿Estabas borracho?” Una enfermera acomodó el suero, ahora recuerdo la escena. Había una enfermera, nos volteó a ver esperando tu respuesta: “no”, contestaste seguro. Yo seguí contemplando la cara, esa estaba limpia.

“Un chipote” dijiste, eso tengo. Lo toqué. Seguí mirando, me enseñaste una pierna: un raspón. ¡Carajo, no había nada! Y te sabía roto.

Añicos, algo no estaba bien, no sabía que era, estaba angustiada, abrumada. Veía hacia la salida de emergencia, te veía de nuevo, me reí y recuerdo haberte dicho: “No tienes nada y me hiciste venir hasta acá, borracho. Hueles a alcohol”.

Te di un beso, te vi a los ojos. ¿Todavía tienes esos ojos verdes que hablan solos? 

Me fui, vi a tu hermana de camino al coche. ¿Todavía es callada? Ese día llevaba pants, la tristeza de tu alma de hospital, sólo fue superada por Claudia, no podía ni mirarme, parecía que el corazón se le salía si saludaba a alguien. Todavía la quiero porque la quiero desde ese día.

Nunca más volví al hospital, mucho menos fui a tu casa; sólo te llamaba. Nunca te pregunté cómo estabas pero nuestras pláticas duraban por horas, ¿todavía hablas tanto?

Te amaba desde entonces, desde siempre. Desde la cama blanca, desde la espalda rota. Te amaba borracho, te amaba triste, te amaba solo, ¿todavía estás  así de solo?

No sabía cuánto te amaba, hasta hace poco. ¿Sabes cuánto te amaba? Te di todo desde el día en que vi tu alma, me dio miedo que te sintieras triste y abandonado, que no tuvieras rumbo. ¿Todavía te pierdes entre las calles?

Había hecho un compromiso, no volverías a estar así. Yo sobaría cada herida, cada parte de ti sería mía. Te prestaría mis piernas para andar. Te daría mi corazón para que el tuyo volviera a latir con normalidad. Secaría tus lágrimas, aunque yo misma estuviera llorando. Me pelearía con mi padre, al que tanto amo, con tal de que tú volvieras a respetar al tuyo. Dejaría mis ganas de estudiar en el extranjero sólo por que tú nunca dejaras la escuela. Te lo prometí, aunque tú no lo supieras.

Para entonces ya eras demasiado. Nos llamábamos a diario. Comenzaste a contarme todo. ¿Todavía te acuerdas que nunca omitimos los detalles?

Maggie, se llamaba. Ahora es tu amiga, ¿todavía crees que los ex novios pueden ser amigos?

Maggie terminó contigo, tú lloraste mil días y las mismas noches. Supiste que tenía novio y en un intento desesperado y lleno de alcohol en las venas, diste una vuelta justo antes de llegar a tu casa. La versión oficial contaba que no sabías a dónde ibas. Nuestro primer secreto sería que ibas a buscarla, que hablaste con ella antes de perder el conocimiento, ¿todavía pierdes el conocimiento cuando tomas?


Vomitaste, me contaste que un poco antes de chocar, abriste la puerta de la camioneta y no pudiste retener más las emociones bañadas de tinto; eso tomaste, lo recuerdo porque a mi me encanta. ¿Todavía sientes escalofrío cuando das vuelta en Taxqueña y Tlalpan? Yo sí.

Inconciencia. Crees que saltaste pero no estabas seguro. Rodaste, dolor y frío, nada más. Alguien te despertó, te preguntó el número de teléfono de tu casa y se esperó contigo, su perro y una niña hasta que tu mamá y tía llegaron. ¿Todavía te cae mal esa tía?

Un ángel de camino. Siempre dijiste que querías saber quién era y visitarla pero te daba miedo completar los fragmentos de historia que amablemente el cerebro había borrado.  Yo siempre pienso en ella, en esa señora, pienso que le debo algo. Que ojalá algún día yo sepa ayudar a alguien también.

Me duele el pecho cuando pienso en esto y ahora mismo que lo estoy escribiendo, ¿todavía lloras cuando hablas de este accidente, todavía evitas que cualquiera lo saque a tema?

Me encantaba la forma en que nos fuimos haciendo amigos. Ahora que lo pienso, sólo extraño a ese amigo. A ti no.

Mi táctica fue darme toda; como amiga, como novia, como amante, como escucha; tu psicóloga, doctora, maestra, alumna, chofer, cocinera, escritora y guía.

Mi error fue que me quedé sin nada. Pero sí he de tener una recompensa es que logré mi cometido. ¿Te acuerdas por qué te hiciste el mismo tatuaje que tu padre? Cerraron un lío, quedo firmada la tregua, no importaban más las ideologías, sólo la sangre, el amor eterno.

A partir de entonces, nunca volviste a estar solo, caminamos juntos un montón de años.

Y luego te vi caminar de la mano de alguien más. Te he visto todo este tiempo, he sido testigo de cómo cumpliste uno a uno mis sueños. Los que te presté, ¿te acuerdas que algunos eran míos?

No importa, te los regalo, porque quizá los inventamos juntos de a poco. Ahora tengo otros.

Ay, Memo. ¿Ahora que te dicen Timmie, qué pasó con Memo?

Porque yo me quedé desplomada, cumplí mi promesa pero me dejaste sin nada, se me olvidó pedirte de vuelta las piernas, el corazón, la cabeza; la vida.

Era prestada y no me diste ni tiempo de tomar mis pertenencias.

Me ha costado tanto trabajo caminar hasta acá hecha pedazos. Trizas de cariño, pedazos de recuerdo. ¿Quién putas es Cynthia?

Igual que como empezó todo, un hospital, yo desnuda, mi alma vacía. Yo sola.

No quería que te fueras, porque entonces me iría yo. Y es que te presté lo que no se le presta a nadie.

¿Recuerdas cuando dijiste que no sabía nada de música? Dejé de bailar
¿Recuerdas cuando me pediste que nunca me fuera de tu lado? Dejé de caminar
¿Recuerdas cuando me dijiste que mis amigos eran aburridos? Dejé de frecuentarlos

Dejé, dejé, dejé. Me dejé.

Y claro que cuando te fuiste, ¡me dejaste en cueros!

Pero ya me vestí, no tengas pendiente. ¿Todavía te causo algún pendiente?

Me estoy vistiendo con mis mejores galas.
Pegué mi corazón, porque así soy yo.
Pagué mis deudas con la vida; entendí que mentir lastima, que los amigos traicionan, que las lecciones se superan. Que el corazón se comparte, no se entrega. Que eras mi mejor amigo, siempre. Que no pasa nada si te sigo guardando cariño, porque en realidad lo que amo de ti es a mi misma. Ese trozo de entraña que te llevaste para ser tú. ¡Te lo presto para siempre! Para siempre, Memo. Eres lo que fui y soy lo que te dejé.

¡Gracias por dejarme vacía! Luego, hoy me fui enterando que sólo me dejaste llena. Llena de amor, ¿Tú sabías que era capaz de dar tanto por amor, por ayudar a la gente?  Me voy conociendo.

A partir de ahora, reconozco que somos y siempre seremos. Que nunca te he podido odiar. Que fuimos espejo y carne y amor. ¿Todavía sientes amor?
Ojalá que sí porque ahora tienes a quién dárselo, dáselo todo, sé el padre que siempre soñaste. El que no te abandonó. Te presto al mío para que sea ejemplo. Te presto su paciencia cuando más razones tuvo para odiarte. Te presto sus huevos para decirte: ¡Déjala en paz! Que nadie se meta con tu hijo, nadie nunca. Ni yo, ni mi recuerdo, ni nada.

Sé feliz con lo que eres. Que ya es un montón, ¿todavía te da miedo ser papá?

Sé lo que me prometiste, sé grande, sé fuerte. Sé parte de lo que crecimos juntos. Yo haré lo propio.

Como que siempre cumplo lo que digo.

Hasta siempre.
Hasta toda tuya, que soy mía otra vez, amigo del alma.