Escuché por ahí esta historia.
Cuidado porque es de esas que se antojan, de esas que causan
envidia, de las que angustia ver publicadas por ahí...
Ella y él se conocieron hace 6 años. Ella y él son
perfectos, ella alta, rubia. Él de barba y siempre alegre. Él quiere vivir con
ella. Ella sólo piensa en casarse. Él decide irse a estudiar al extranjero y
ella mejor avienta su sueño a la borda. Ella dice que no, que no lo espera. Él
se va, él la extraña, la piensa, la ama. Él regresa. Ella llora y él llega
cargando un inmenso anillo para secar sus lágrimas. ¡Ellos se van a casar!
Lo demás se cuenta solo. La planeación de la boda, elegir el
Vera Wang indicado. Los abuelos ya les compraron una casa. Obvio que una casa,
las historias de verdadero amor no vienen sin una hermosa casa.
En fin, todo está pasando; todo menos algo que más bien no
pasa desde hace meses. Nadie se acuerda de la cama, nadie recuerda cómo eran
esos cuerpos desnudos. Nadie sabe qué fue de aquella pasión, de las noches de
arrebato. Nadie; ni el compromiso, ni el anillo, ni los vestidos de las damas.
Y me pregunto, ¿será que quiero el amor?
Quiero que él venga, me ame, me haga “suya”, “su” señora. Que me
de un segundo apellido, la Señora de…
Ó será que sólo quiero que me ame. Quiero que me mire y no sepa si hacerme el
amor desnuda o con la ropa puesta. Quiero que me piense, me sienta; que acepte
que no estoy cuerda y que siempre quiero más de todo, incluido él.
¿Será que,el príncipe azul viene castrado?
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