El día en que morí no hubo tiempo de nada, a penas y del llorar; de gritar desesperada por no saber qué habría después. ¡Qué terror da pensar si tus amados irán a recordarte cuando hayas muerto! Si tu me pensarías algún día en algún sueño.
Pero estaba escrito en alguna parte, ese día había que morir.
Tomé lo que queda cuando mueres: nada.
Entonces me arrastré, lloré más, sentí un estallido y morí.
Morí por dentro, morí cuando nos fuimos.
Morí cuando te fuiste.
Algo dentro de mi cambió y morí tanto que volví a vivir.
Gracias por irte y por dejarme sin nada porque fue entonces cuando comencé a reír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario